Game of Thrones, Análisis de la Temporada 8


Sean cuales fueran vuestras expectativas respecto a Game of Thrones, hay que decir que era imposible un final ideal que contentara a todo el mundo. Respecto a la porra que hicimos en la redacción, como veis, la conclusión ha sido una síntesis de tres de nuestras teorías: Bran coronado como rey de los Seis Reinos, Sansa por su lado como Reina del Norte y el Trono de Hierro, destruido con fuego de dragón, como fue forjado.

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Ese es el cómputo final de la serie, pero Game of Thrones es mucho más que “la última casilla” a la que llegan los jugadores. Es también una reflexión sobre nuestra propia historia, una advertencia sobre el futuro que no aguarda y sobre todo un reflejo de nuestras miserias. El pendón de la casa Targaryen y la arenga de Dany recuerdan al Tercer Reich, Sam insinúa el comienzo de una democracia (para cachondeo generalizado) y descubrimos que el autor de “Canción de hielo y fuego” es el maestre Ebrose (aquel a quien Qyburn intentó superar saltándose las normas de la ética y a quien dio vida en la serie Jim Broadbent), en un giro metalingüístico tan curioso como el de ver a Brienne completando el legado como caballero del malogrado Jaime Lannister. Estos son detalles que tocan al espectador, pero en general se percibe una gran frialdad.


Haremos una valoración mucho más exhaustiva pero, a grandes rasgos, encontramos un panorama en ciertos aspectos parecido al del comienzo, con Jon regresando a la Guardia de la Noche y por tanto compartiendo un destino similar al de Aemon dado que también era medio Targaryen. La gran diferencia es que se entiende que en este reinicio se ha corregido la corrupción que regía el poder y que Bran será un rey justo (y clarividente, qué más se puede pedir).


No menos cierto es que también es bastante ingenuo todo: la forma en la que las grandes casas deciden quién regirá sus destinos haciendo caso a un Tyrion preso es casi surrealista y ni siquiera llegamos a conocer al nuevo príncipe de Dorne. Hasta dos flash-forwards nos llevan a un desenlace mucho más tibio de lo esperado. Igual que el Rey de la Noche fue aniquilado de forma fugaz, Daenerys sucumbe de forma muy fácil y no hay espacio ni para el duelo ni para ver la reacción de las facciones que la apoyaban y aborrecían. Así que solo podemos reiterar, una vez más, que es obvio que la temporada 8 habría necesitado al menos dos episodios más para desarrollarse de forma menos atropellada. Sorprende el optimista final y la actitud de la mayoría de los personajes: sobre todo la desactivación de Arya.


¿Y ahora qué?


Pensar que todo acaba con Juego de tronos, es pecar de ingenuo… Por supuesto, esto no es más que el comienzo. Aún no sabemos en qué consistirá exactamente la batería de spin-offs que se avecina, pero sí podemos anticiparos alguna información sobre La Larga Noche y los Primeros Hombres, que entendemos que será el material que se adapte en uno de ellos:


Más allá de eso, ha demostrado que la fantasía épica es un filón estupendo en televisión. La serie ha roto récords de audiencia y ha generado una gran polémica en su temporada final, así que es de esperar que muchas otras ficciones televisivas busquen un éxito similar.


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